En un mundo que idolatra a los especialistas, algo se está moviendo. Un retorno silencioso a los orígenes del conocimiento. El que mucho abarca, por fin, empieza a apretar.
“El que sabe de una sola cosa, en rigor, no sabe bien ni de esa.”
— Atribuido a Francisco, médico, filósofo amateur y guitarrista de una banda que nunca salió de gira.
¿Qué es un polímata?
Una persona que conoce y destaca en diferentes campos es un polímata (“el que sabe de muchas cosas”). Ciencias, música, teatro, tecnología… su curiosidad es insaciable. Su disfrute es aprender cosas nuevas constantemente y mientras más variadas, mejor. Esto le permite construir puentes entre disciplinas, generando conexiones que un especialista en un solo campo difícilmente pueda ver o imaginar.
Leonardo Da Vinci, Aristóteles y Benjamin Franklin son sólo algunos ejemplos universalmente reconocidos como polímatas.
Lo interesante es que no hay que ser un genio para ser un polímata, cualquiera puede serlo. Y me animo a más: todos somos polímatas de nacimiento. Todos tenemos interés por múltiples campos, pero la educación occidental nos lleva a estudiar sólo una carrera, a ser expertos en la materia, para luego salir al mercado laboral y que nos paguen mucho dinero por aplicar nuestra “especialidad”.
El origen del especialista
Según el autor de “The Polymath: Unlocking the Power of Human Versatility”, Waqas Ahmed, esta necesidad de especializarnos nace en la revolución industrial, cuando la línea de montaje reemplazó a la creación artesanal. En la antigüedad la norma era interesarse por diferentes campos, tocar la lira mientras estudiábamos matemáticas. Esto nos permitía algo genial: polinización cruzada de conocimientos, lo que resultaba sumamente enriquecedor para la cultura y el espíritu de las personas. El sistema educativo occidental nos empuja a elegir entre especialidades en lugar de fomentar el intercambio natural entre ellas. Recientes estudios demuestran que los científicos ganadores del premio Nobel tienen 25 veces más chances de dominar otra área como canto, danza o actuación que los científicos promedio.
Una habilidad en demanda
La AI es el especialista, es el nuevo experto. Ya no tiene sentido discutirlo. Incluso los más pesimistas saben que lo que no que se logre este año, se alcanzará el siguiente (cuando NVIDIA entregue más y mejores placas). Pero la AI no tiene iniciativa, no produce por sí misma, necesita un guía, un piloto. Y este debe ser un polímata, alguien con el don de crear puentes entre disciplinas, de encontrar soluciones originales a los problemas de todos los días. Ahmed dice que la especialización es deshumanizante y reprime la capacidad de expresión de una persona, mientras que la polimatía es emancipadora social e intelectual, lo que posibilita vivir una vida mucho más plena. Y yo concuerdo completamente. ¡Seamos el mejor piloto que podamos ser!
La letra chica
El tiempo es finito, y el entusiasmo también. Leonardo Da Vinci tenía cientos de hojas con ideas que nunca pudo aplicar. El polímata comienza muchos proyectos con gran energía pero tiene un alto riesgo de dejarlos de lado por la siguiente “cosa nueva”. Y en nuestro tiempo, empezar algo y no terminarlo es algo cercano a un pecado, algo a corregir, a solucionar. No hay nada de malo en dejar algo inconcluso, seguramente obtuvimos lo que necesitábamos y ya. Pero debemos poder registrarlo, guardarlo, porque nunca se sabe cuándo tendremos la oportunidad de aplicarlo en un proyecto real.
Tomen el ejemplo de este blog. Funciona como registro etiquetado y fechado, solo tengo que buscar en la nube de tags el concepto y puedo volver cuando sea necesario. Busquen el sistema que mejor les convenga: Notion, Evernote, carpetas, notas… pero no dejen que el conocimiento se vaya, porque si se puede registrar y recuperar, jamás será tiempo perdido.
Conclusión
Ser un polímata es la forma natural de reconocer el mundo, es volver a Leonardo Da Vinci, a los filósofos griegos. La inteligencia artificial necesita pilotos hábiles y que sepan hacia dónde hay que ir. Y esta práctica requiere disciplina. Tenemos que buscar activamente registrar nuestros hallazgos, hacer valer el tiempo que invertimos en ellos. Yo he sido un maestro en comenzar cosas que no he terminado y este post es mi testimonio de que hoy comienza una nueva etapa.
¡Manos a la(s) obra(s)!
Mario
